Concentración y crisis. Por Gustavo Nagel

07/10/2013

Hay un mito del neoliberalismo impuesto desde las usinas de la ortodoxia que en Argentina hoy fogonea a los candidatos macristas o al mismo Sergio Massa. Dicen que las crisis económicas afectan a todos por igual. Pero las crisis NO afectan a todos por igual. Veamos un ejemplo.

El mes pasado se cumplieron 5 años de la quiebra de un símbolo del capitalismo financiero internacional, el banco de inversiones estadounidense Lehman Brothers. Un año antes había estallado la burbuja especulativa de los préstamos hipotecarios y desde entonces van seis años de crisis en Estados Unidos y Europa con algún que otro atisbo de recuperación pero lo cierto es que las economías centrales están en recesión o como mucho, estancadas.

Ahora, más allá de alguna quiebra aisladas, los culpables de la debacle global salieron fortalecidos por el rescate que hicieron los distintos Estados. Y al mismo tiempo el reducidísimo grupo de privilegiados del mundo que antes eran muy ricos, ahora lo son aún más.

La génesis de esta acumulación cada vez más concentrada en menos manos puede rastrearse en la década de los 80 cuando el neoliberalismo comienza a imponerse en el mundo con Reagan y Thatcher a la cabeza. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta 1982 en Estados Unidos el 10 por ciento más rico de la población se quedaba con el 34 por ciento de PBI. En 2007 se llevaron el 50 por ciento de la torta. Esta evolución de la concentración de la riqueza es incluso más impresionante y desmedida hoy, ya que el 1 por ciento más rico de la población estadouinidense concentra riquezas equivalentes al 58 por ciento del Producto de la primera potencia mundial.

Como se ve, desde que estalló la crisis financiera internacional los ricos son cada vez más ricos mientras que las mayorías del planeta sufren desalojos, pérdida de fuentes de trabajo, ajuste y retroceso de derechos laborales y sociales.

La teoría económica neoliberal, que se presenta a sí misma como verdad absoluta e incuestionable, tiene como concepto central de su discurso la fantasía de la autorregulación de los mercados, idea que se ha naturalizado en todo el mundo a pesar de las evidencias en contrario. Es como dice el premio Nobel de Economía Paul Krugman: “quienes defienden la teoría neoliberal presentan a la economía como una fábula moral en la cual la pobreza es una sanción a los actos económicamente irracionales, pero paradójicamente quienes son castigados no son los que cometieron los pecados, sino las víctimas”.

Vivimos hoy en un mundo rico, que no para de fabricar pobres.

El desafío de la política en nuestros tiempos es construir una sociedad democrática y solidaria en la que la economía este al servicio de TODOS, en el que la salud y la educación sirvan para el desarrollo humano y los bienes devengados del progreso tecnológico sean el sedimento para el nacimiento de un hombre nuevo.

Las viejas ideas liberales que enarbolan los economistas Macristas y Masistas, apuntan para el lado contrario a estos ideales y se parecen mucho a las aplicadas en la nefasta década del 90.