El nuevo índice de precios

17/02/2014

Finalmente la semana pasada el INDEC dio a conocer el nuevo índice de precios al consumidor, el IPC, que vino a reemplazar al antiguo y cuestionado índice de inflación. En una primera y rápida lectura puede decirse que la medición fue aceptada hasta por los críticos más feroces a las políticas oficiales. Hay que señalar que el debate en torno a esta cuestión nunca fue técnico sino más bien político-mediático y así quedaba en evidencia cada vez que se anunciaba el impresentable Indice Congreso. Un índice de inflación que nadie sabe de dónde sale ni quien lo lleva a cabo y que no resiste ningún análisis medianamente serio pero que aún así algunos aceptaban como válido.

Por Gustavo Nagel

Lo cierto es que el viejo índice venía acumulando una fuerte pérdida de legitimidad social. El nuevo IPC —que marcó para enero un incremento de precios del 3,7 por ciento—, viene a corregir esta cuestión.

Este 3,7 por ciento, que es alto, trae incorporado el efecto de la devaluación que además se arrastrará a la medición de febrero. Si el tipo de cambio se mantiene en los niveles actuales los números del índice de precios, pasado el primer trimestre del año, deberían tender a la baja por lo que la inflación anual estaría muy por debajo de los 30 puntos que pronostican algunos gurúes de la City.

Todo esto, claro, no sucede en una probeta de laboratorio sino en un escenario complejo, atravesado por las múltiples presiones de los grupos económicos concentrados que empujan para que el gobierno haga un ajuste o sea que recorte gasto social y enfríe la economía. Intentan preparar, obviamente, el escenario para que en 2015 venga uno de los suyos con el campo libre para aplicar las recetas del neoliberalismo. Resumiendo, la derecha quiere más devaluación y que el salario sea la variable del ajuste.

La pulseada no está definida, pero para que la crisis no la paguen las grandes mayorías y que los ricos no salgan aún más ricos, es necesario contar con políticas públicas que combatan la especulación y el acaparamiento de productos. Es necesario controlar el comercio exterior ya que solo 20 empresas manejan a su antojo el 50 por ciento de las exportaciones totales de la Argentina. Se trata de un virtual monopolio privado de la principal fuente de ingreso de divisas al país. Al mismo tiempo y con la misma lógica se debe abordar el comercio interior bajando la concentración económica pues allí está el nudo donde se producen las injustificadas remarcaciones de precios que vienen marchando al compás de la devaluación, tengan o no tengan dólares en sus costos de elaboración.

Si pretendemos seguir el camino del crecimiento con mayor inclusión social, solo hay un rumbo: profundizar el rol activo del Estado en la economía para regular a los mas poderosos en defensa de los intereses de las mayorías populares.

 

Micro Radial del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC)